Hace 1500 años el Papa Gregorio I declaró la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia como los 7 pecados capitales recogidos después por Dante en la Divina Comedia.
Hace unas semanas el Arzobispo Girotti, número 2 del Vaticano, proclama otros nuevos, más del siglo XXI que califica de los males modernos, de "pecados sociales":
- No realizarás manipulaciones genéticas.
- No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluido embriones.
- No contaminarás el medio ambiente.
- No provocarás injusticia social.
- No causarás pobreza,
- No consumirás drogas.
- No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/03/11/internacional/1205200007.html
http://es.reuters.com/article/topNews/idESSAN05845420080310
Independientemente de reconocer en esta declaración una tímida pero válida señal de necesaria modernización de los dogmas de la Iglesia y sin menoscabo de la importancia y polémicos nuevos pecados en el área de bioética, del impacto social de las drogas o de los delitos ecológicos, quiero centrarme en el último de ellos que afecta a un mundo donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos.
Me llama la atención la aplicación de las palabras límites obscenos en relación con la acumulación de riqueza.
Obsceno (Obscenus en Latín) quiere decir: repulsivo, detestable y proviene literalmente de basura. Son de uso las expresiones: "beneficios obscenos", "obscenidad de la guerra", aunque hoy se utiliza más en referencia pornográfica.
A mí personalmente me parece obscena la acumulación desproporcionada de poder y de riqueza.
Recuerdo una visita al Vaticano hace más de 20 años con mi hijo Javier (10 años por aquel entonces). Impresionado de la monumentalidad de la Plaza de San Pedro, de los mármoles de la Basílica, de la extraordinaria acumulación de obras de arte durante siglos, miraba con los ojos muy abiertos todo ese fausto, y me dijo: "me cuesta creer en una religión así".
A mi también me parece obscena la manifestación de poder durante siglos del Vaticano, incluso aunque ahora hayan puesto paneles solares para "no contaminar el medio ambiente".
Respecto a la redacción final del nuevo pecado "a expensas del bien común" la encuentro al menos sospechosa.
Parece que busca una justificación, una válvula de escape.
Ese nivel de riqueza, al que creo que se refieren los nuevos pecados capitales del siglo XXI, es siempre obsceno y directa o indirectamente a expensas del bien común.
Habrá quienes intenten justificar técnicamente la acumulación de riquezas como necesario motor para el desarrollo de la humanidad y otros que piensen que esto no va con ellos y que sólo se refiere a los ricos que aparecen en la lista de la revista Forbes.
Sin embargo, la riqueza obscena es un concepto claro, es un nivel que supera con mucho el del "dinero necesario" (concepto de que hemos de hablar algún día)
No es de extrañar que la prensa, Internet y la televisión hayan hecho eco inmediato de esta noticia.
Es noticia que la trasnochada Iglesia romana, abra tímidamente la caja de Pandora, en pleno siglo XXI, en el zenit del materialismo y plantee esto de ¿hasta dónde es lícito acumular riqueza?
Malraux, http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Malraux, hizo célebre hace más de 50 años su frase de:
"El siglo XXI será espiritual o no será".
Mis expectativas no son tan optimistas, pero sí parece llegado el momento de empezar a cuestionarse en occidente si realmente esta obsesión por la acumulación o incluso el llamado "desarrollo" están trayendo a la sociedad moderna la ansiada felicidad que prometían.
¿Es este el paradigma qué debemos seguir trasmitiendo a las nuevas generaciones?
¿Aun más?